sábado, 10 de enero de 2015

DEET

Es un repelente de insectos ampliamente utilizado. Lo podemos encontrar en concentraciones desde el 5 al 100% y en diferentes presentaciones que se aplican en la piel. Es lipofílico y presenta una absorción cutánea significativa, que aumenta en función de la concentración y del excipiente (a menudo de base alcohólica).
Existen numerosos casos de encefalopatía severa tras la aplicación tópica de DEET en niños, algunos de ellos con evolución fatal. La aparición de toxicidad no es exclusiva del uso inadecuado o de productos con altas concentraciones, sino que se describe incluso después de exposiciones breves y/o de aplicación de preparados con concentraciones del 10 al 20%. Los síntomas más frecuentes son convulsiones, coma, tras-tornos de conducta, hipertonía y ataxia.
El tratamiento es de soporte, con control de las convulsiones y descontaminación cutánea.
La Academia Americana de Pediatría (AAP) recomienda el uso cauteloso de DEET en niños, siguiendo unas estrictas recomendaciones.

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